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Se me están acabando las municiones

Se me están acabando las municiones
𝐎𝐩𝐢𝐧𝐢𝐨́𝐧 𝐏𝐞𝐭𝐞𝐫 𝐌𝐮𝐥𝐥𝐞𝐫
Analista Político
El Sol de PR
(22 de octubre de 2026) – Durante años he defendido la causa en la que creo. Lo he hecho desde el gobierno y fuera del gobierno, en momentos buenos y difíciles. He defendido al PNP cuando ha sido fácil hacerlo y cuando las circunstancias han requerido sacar del bolsillo hasta el último argumento disponible, pero confieso algo: se me están acabando las municiones.
No hablo de las municiones de una guerra. Hablo de las municiones que necesitamos quienes participamos de la discusión pública: los argumentos, las explicaciones, las razones y, sobre todo, la credibilidad.
El PNP ha recibido la confianza durante las últimas tres elecciones. Eso representa una responsabilidad enorme. Sin embargo, existe otro número que debería provocar una reflexión profunda dentro de nuestra colectividad.
En el plebiscito de 2024, la estadidad obtuvo 620,782 votos, equivalentes al 58.61% de los votos adjudicados. En aquella misma elección, la candidatura del PNP a la gobernación obtuvo 526,020 votos, un 41.26% en su papeleta. No son papeletas iguales, pero el contraste político está ahí y sería irresponsable ignorarlo.
Hay puertorriqueños que favorecen la estadidad y que, por diferentes razones, no están acompañando al PNP en las urnas. Ese debería ser uno de los grandes temas de discusión de nuestra colectividad.
El problema no parece estar solamente en convencer al país sobre el “status”. La mayoría del electorado coincide con nuestro ideal y, sin embargo, no necesariamente deposita su confianza en el partido que históricamente lo ha defendido. ¿Dónde están esos electores? Algunos han buscado alternativas entre partidos emergentes, candidaturas y alianzas electorales. Otros separan cada vez más su preferencia de “status” de su decisión sobre quién debe administrar a Puerto Rico.
El Partido Popular, en la elección para gobernador de 2024 quedó relegado al tercer lugar, intentan recoger parte de ese descontento, criticando y tratando de que el pueblo olvide sus
administraciones bajo Sila Calderón, Aníbal Acevedo Vilá y Alejandro García Padilla, todas marcadas por controversias sobre contribuciones al pueblo, la crisis fiscal que eventualmente desembocó en la quiebra y corrupción. ¡Prohibido Olvidar! El pueblo no debe cegarse por los bochinches políticos y por varios inescrupulosos que se han apartado del buen servicio público, porque eso sería volver hacia atrás. El PPD pretende ganar indulgencias con escapularios ajenos.
La pregunta más importante tenemos que hacérnosla nosotros mismos. ¿Qué estamos haciendo para recuperar la confianza de quienes creen en nuestro ideal, pero han dejado de creer en nuestra capacidad de administrar el país? Esa pregunta no se contesta atacando al adversario o acusando al estadista que decide votar diferente. Mucho menos pensando que la insignia de una palma garantiza para siempre la lealtad electoral. La confianza no se hereda. Se gana y cuando se pierde, hay que reconquistarla.
Cada controversia innecesaria, cada escándalo, cada apariencia de división y cada actuación que obliga al militante de base a ofrecer explicaciones en la calle consume el capital político acumulado durante décadas. Ahí es donde comienzan a acabárseme las municiones. Quienes defendemos una causa necesitamos hechos que defender. Necesitamos poder mirar de frente al ciudadano que nos cuestiona y contestarle con obra, transparencia, sensibilidad y buen gobierno.
No podemos convertir la lealtad partidista en la obligación de justificarlo todo. Yo puedo defender una obra cuando puedo reconocer los aciertos de un gobierno y puedo enfrentar las exageraciones de nuestros adversarios cuando pretenden borrar de un plumazo su pasado. Una cosa es defender una causa y otra muy distinta defender lo que no tiene defensa. Esa es la reflexión que necesita el PNP. Todos.
Nuestro reto no está en buscar nuevos estadistas. Eso está resuelto. Los resultados de los últimos tres plebiscitos lo demuestran. El desafío político está en convencer a muchos de esos estadistas de que el PNP merece su confianza para administrar a P.R. Eso requiere humildad. Requiere escuchar. Requiere entender que los electores modernos no pertenecen a ningún partido como antes. Examinan, comparan, castigan y dividen su voto, y si nosotros, no somos capaces de interpretar ese mensaje, otros estarán encantados de hacerlo.
Todavía tengo municiones. Tengo la estadidad. Tengo una historia política que defender. Tengo hombres y mujeres buenos dentro del PNP. Tengo servidores públicos que todos los días hacen su trabajo honradamente y sin aparecer en titulares. Tengo obras que pueden señalarse y principios por los cuales vale la pena continuar luchando.
Pero las municiones políticas, como la confianza del pueblo, no son infinitas. Por eso quizás ha llegado el momento de dejar de preguntarnos cómo defendemos cada controversia y comenzar a preguntarnos cómo evitamos la próxima.
Al final, ningún partido pierde cuando alguien lo critica con intención de corregirlo. Pierde cuando deja de escuchar. Cuando quienes siempre estuvieron dispuestos a defenderlo descubren que ya no les quedan municiones.

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