Reglas, tribunales y un torneo perdido: los niños terminan pagando las decisiones de los adultos
Por Yasinia Rodríguez Sepúlveda
El Sol de PR
(8 de octubre de 2026) – La controversia en la categoría 13U de American Congress de Puerto Rico (ACOPUR) deja responsabilidades a ambos lados del terreno y una lección indispensable para el deporte infantil: proteger a los menores debe prioritario.
Lo ocurrido difícilmente puede analizarse señalando un solo culpable. Hubo una controversia reglamentaria, decisiones administrativas, intervención judicial y posiciones encontradas entre algunas organizaciones infantiles, entre ellas, BV Baseball Development y ACOPUR. Mientras los adultos defendían sus respectivas posturas, cientos de niños que nada tuvieron que ver con el conflicto terminaron pagando las consecuencias.
El conflicto subió de tono con una restricción de participación contra jugadores señalados por presunta doble participación. “Nuestro equipo BV13U representó con orgullo a Puerto Rico en mayo. Luego de nuestro regreso, fuimos excluidos del Torneo Regional de la organización American Congress ACOPUR. bajo alegaciones de una supuesta violación al reglamento de doble participación. Tras la injusticia, los padres y el Staff acudimos al Tribunal.”
BV sostuvo que la sanción carecía de base reglamentaria clara y acudió al Tribunal de Primera Instancia de Bayamón, donde inicialmente obtuvo una determinación favorable.
En la orden divulgada por el equipo, el Tribunal expresó: “La determinación impugnada resulta particularmente onerosa e injusta al penalizar indirectamente a menores que representaron dignamente a Puerto Rico en competencias internacionales, sin existir disposición reglamentaria clara que autorice la sanción impuesta.”
Posteriormente, la Asociación de Ligas Infantiles y Juveniles de Béisbol Puerto Rico informó que el Tribunal de Apelaciones dejó sin efecto esa determinación, al concluir que se habían violentado el debido proceso de ley y derechos constitucionales de ACOPUR, entre otros asuntos.
La controversia por la doble participación de jugadores de BV, sin embargo, no habría sido un asunto aislado. Según supo este medio, también hubo menores participando simultáneamente en un torneo de categoría 13-14 y en la categoría 13U que se vieron afectados por la misma regla.
Y ahí surge una pregunta inevitable, ¿Dónde estaban los encargados de esos niños?
Los niños no redactan reglamentos, determinan su elegibilidad ni deciden cuántos torneos pueden jugar simultáneamente. Son los adultos quienes los inscriben, autorizan y transportan. Si existen restricciones de participación, dirigentes y padres tienen la responsabilidad de conocerlas antes de colocar a un menor en una situación que posteriormente pueda afectarles.
Pero la responsabilidad tampoco termina en los equipos y las familias. Una liga infantil tiene el deber de hacer cumplir sus reglamentos de manera uniforme, pero también de redactarlos con claridad, establecer mecanismos efectivos para resolver controversias, abrir espacio a situaciones extraordinarias y procurar que una disputa relacionada con determinados jugadores no termine perjudicando a cientos de participantes ajenos al problema.
Había equipos que durante toda una temporada lucharon para proclamarse campeones de sus respectivas ligas y conseguir directamente su clasificación al Torneo Estatal. Otros todavía tenían la oportunidad de competir en el Regional para obtener el último boleto.
Detrás de todos esos equipos hubo meses de prácticas, viajes, gastos familiares, sacrificios y entusiasmo. Ninguno de esos niños provocó esta controversia. La propia Asociación lo resumió en su comunicado: “Los adultos tomamos decisiones. Pero nunca debemos olvidar que son nuestros niños quienes pueden terminar pagando las consecuencias de ellas.”
Este caso deja además un precedente importante para futuras controversias en el deporte infantil puertorriqueño. Las decisiones de las organizaciones pueden ser cuestionadas judicialmente, pero acudir a los tribunales tampoco sustituye la responsabilidad de cumplir previamente con las normas de una competencia.
Aquí no hay victorias que celebrar. Si hubo violaciones al reglamento, tenían que atenderse. Si hubo deficiencias en la aplicación de esas reglas, tenían que corregirse. Lo inadmisible es que el desenlace haya dejado sin torneo a cientos de niños que cumplieron, compitieron y se ganaron en el terreno su oportunidad.
En este desastre hay responsabilidades compartidas. Porque proteger a los niños también significa que los adultos sepan decir no cuando una participación viola las reglas, que las ligas administren con justicia y sentido deportivo y que ningún conflicto particular vuelva a arrebatarles a cientos de menores la oportunidad por la que trabajaron durante toda una temporada.
