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El caos frente a las escuelas: una falta de conciencia colectiva

El caos frente a las escuelas: una falta de conciencia colectiva
𝐿𝑎 𝑒𝑛𝑡𝑟𝑒𝑔𝑎 𝑦 𝑟𝑒𝑐𝑜𝑔𝑖𝑑𝑜 𝑑𝑒 𝑒𝑠𝑡𝑢𝑑𝑖𝑎𝑛𝑡𝑒𝑠 𝑟𝑒𝑣𝑒𝑙𝑎 𝑢𝑛 𝑝𝑟𝑜𝑏𝑙𝑒𝑚𝑎 𝑑𝑒 𝑜𝑟𝑔𝑎𝑛𝑖𝑧𝑎𝑐𝑖𝑜́𝑛, 𝑟𝑒𝑠𝑝𝑒𝑡𝑜 𝑦 𝑟𝑒𝑠𝑝𝑜𝑛𝑠𝑎𝑏𝑖𝑙𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑠𝑜𝑐𝑖𝑎𝑙.
Por Yasinia Rodríguez Sepúlveda / Opinión El Sol de PR
(14 de enero de 2026) – Cada mañana, frente a muchas escuelas del país, se repite un escenario que ya se ha normalizado: desorden, tapones innecesarios y una preocupante falta de consideración al momento de dejar a los estudiantes. Aunque existen familias responsables que llegan temprano, se estacionan correctamente y permiten que el proceso fluya de forma ordenada, la realidad cambia drásticamente en los minutos críticos cercanos a la hora de entrada.
Entre las 7:25 y las 7:35 de la mañana, el frente de numerosos planteles se convierte en un caos. Vehículos detenidos en medio de la calle, dobles y triples filas improvisadas, niños bajando de los carros sin estacionarse, mientras otros esperan su turno de llegar a la entrada si.n opciones de avanzar. En lugar de un proceso ágil que tomaría un minuto, justo ahí es que se observan las despedidas más prolongadas, revisiones de bultos, búsqueda de tareas y conversaciones que bien pudieron realizarse antes de salir del hogar. Aunque no lo crea, hasta madres peinando a sus pequeños.
Este comportamiento no solo retrasa a quienes vienen detrás, sino que también representa un riesgo para la seguridad. Un carro detenido en un carril activo frente a una escuela puede provocar accidentes, además de generar estrés innecesario en una comunidad que ya vive bajo presión diaria. Muchos padres tienen compromisos laborales, citas o responsabilidades adicionales que dependen de una entrega escolar eficiente.
El problema no es la falta de normas, ni la ausencia de policías o personal de seguridad. El verdadero reto es la conciencia ciudadana. Entender que el tiempo de los demás también tiene valor y que vivir en sociedad implica pensar más allá de la conveniencia individual. Organizarse, estacionarse cuando sea necesario y respetar los espacios comunes no es una imposición; es un acto de civismo.
La entrega escolar no debe ser un reflejo del desorden social. Al contrario, puede y debe ser una oportunidad diaria para educar con el ejemplo y construir una convivencia más respetuosa.

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