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Cuaresma en tiempos de incertidumbre

Cuaresma en tiempos de incertidumbre
Por Alexandra Muñoz Pagán, ISFCJ / Para Periódico El Sol de Puerto Rico
Hay años en que la ceniza en la frente pesa más que otros. “Polvo eres y en polvo te convertirás” (cf. Gén 3,19) no suena solo a fórmula litúrgica, sino a recordatorio de nuestra fragilidad colectiva. Puerto Rico conoce bien esa experiencia: huracanes que arrasan, crisis económicas prolongadas, migración que separa familias y una sensación persistente de inestabilidad, de inseguridad, de dolor y ansiedad en muchas familias puertorriqueñas. En este contexto, la Cuaresma no es un simple tiempo de religiosidad, una tradición de pueblo o un momento cristiano de purificación. La Cuaresma hoy es una llamada urgente a mirar la incertidumbre con ojos de fe y de esperanza.
Porque las situaciones que envuelven a nuestras familias nos ayudan a vivir este tiempo desde perspectivas que antes no hubiéramos contemplado.
El Evangelio nos dice que Jesús fue llevado al desierto durante cuarenta días (cf. Mt 4,1-11). El desierto bíblico no es un castigo, sino un espacio de prueba, clarificación y hasta confrontación. Allí, en el desierto cuaresmal, nos enfrentamos a las tentaciones, se purifican las motivaciones y aprendemos a confiar, si nos dejamos interpelar por el Espíritu Santo. El pueblo de Israel también atravesó el desierto, y en medio de la incertidumbre escuchó esta promesa: “Yo estaré con ustedes” (cf. Ex 3,12). Hoy, en la realidad que estamos experimentando en 2026, la Cuaresma nos recuerda que el desierto no es una pérdida de tiempo, sino un camino hacia la madurez. La Cuaresma es un tiempo que invertimos para dejarnos iluminar por Él y que -Él mismo- ilumine los momentos oscuros por causas financieras, falta de empleo, situaciones de enfermedad, entre muchas razones que nos desaniman y afectan nuestras esperanzas.
El Papa León XIV, en Audiencia General en el Aula Pablo VI el 27 de agosto de 2025, afirmó: “La esperanza cristiana no es optimismo ingenuo, sino certeza de que la última palabra pertenece siempre a la vida y no a la muerte”. En tiempos en que la tentación puede ser el desencanto o la resignación, la Cuaresma propone una esperanza activa, que se traduce en gestos concretos. Es muy posible que necesitemos salir del ruido del desánimo y nos encaminemos valientemente hacia la fe que nace de la oración personal y comunitaria.
Las prácticas tradicionales —ayuno, oración y limosna— no son reliquias del pasado. El Evangelio según san Mateo (6,1-18) las presenta como caminos de autenticidad interior. El ayuno puede convertirse en renuncia a la indiferencia o al lenguaje que divide. La oración puede ser el espacio donde las familias, fragmentadas por horarios y pantallas, vuelven a escucharse. Y la limosna, en una Isla donde muchas comunidades aún enfrentan precariedad, puede transformarse en compromiso solidario sostenido.
El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que “la esperanza es la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo” (CEC 1817). Pero esa esperanza no nos desliga de la historia concreta. Al contrario, nos impulsa a actuar en ella. La fe no se vive al margen de la realidad social; se encarna en ella.
La Semana Santa, hacia la que nos conduce la Cuaresma, coloca la Cruz en el centro. “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto” (Jn 12,24). El Viernes Santo no busca romantizar el sufrimiento, lo ilumina con sentido de Evangelio. Y, en el Domingo de Pascua, proclamaremos que la muerte no tiene la última palabra. Lo proclamaremos desde la realidad de nuestras historias.
En tiempos de incertidumbre, la Cuaresma nos invita a algo más profundo que cumplir ritos: nos convoca a convertir el corazón y a fortalecer el tejido comunitario. Puerto Rico necesita reconstrucción material, sí, pero también renovación interior. Tal vez estos cuarenta días sean una oportunidad para recordar que, incluso en medio del desierto, la esperanza no es una ilusión pasajera, sino una decisión firme de caminar hacia la luz, que es el Cristo Señor.
Sobre la autora: Alexandra Muñoz Pagán, ISFCJ es puertorriqueña y mujer consagrada del Instituto Secular “Heart of Jesus” de la Familia Cor Unum en Estados Unidos. Actualmente, tiene la misión de discipulado digital, junto a un equipo de sacerdotes, diáconos y laicos, a través del proyecto de evangelización y catequesis Et In Corde Patris Publications en Texas, Estados Unidos.

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