Se repite la historia: cuando la victoria desplaza el desarrollo deportivo
Por Yasinia Rodríguez Sepúlveda / El Sol de PR
(6 de junio de 2026) – La publicación de una madre indignada en redes sociales volvió a encender una discusión que se repite cada año en el deporte juvenil: ¿Qué pesa más, ganar campeonatos o desarrollar jugadores?
La madre Lined Rodriguez denunció la escasa participación de su hijo Dylan durante la temporada y los Juegos Estatales de la categoría 16U, pese a asistir constantemente a prácticas y compromisos del equipo.
“Desde enero, fielmente martes y jueves en prácticas y fielmente domingo tras domingo en juegos. Esperando la oportunidad, la oportunidad que nunca llegó”, escribió.
Según relató, la situación se agravó durante la etapa estatal. “Desde el 23 mayo subiendo a Bayamón sábado y domingo. ¿Cuál fue el resultado? Ninguno, no hubo. Cinco juegos y nunca le dieron la oportunidad”.
La madre también compartió el impacto emocional que tuvo la experiencia en su hijo. “Ver mi hijo en la guagua llorar por la frustración que sentía me partió el corazón”, expresó.
Aunque la denuncia surge de una experiencia particular, la realidad es que muchos padres aseguran haber vivido situaciones similares en distintas categorías y disciplinas deportivas. Durante las temporadas regulares suele promoverse la participación de todos los atletas, pero cuando llegan los torneos importantes y las etapas decisivas, el tiempo de juego suele concentrarse en los jugadores considerados más competitivos.
Para algunos dirigentes, esta estrategia responde al deseo de alcanzar victorias y campeonatos. Sin embargo, otros sostienen que el objetivo principal de las categorías menores debe ser el desarrollo integral de todos los jóvenes deportistas.
Por otro lado, este tipo de situaciones no se limita únicamente a las organizaciones deportivas o a los dirigentes. También existen padres que trasladan a sus hijos de equipo en equipo en busca de campeonatos, convencidos de que son jugadores de élite y que deben formar parte de los programas más competitivos. Esa presión adicional también influye en el ambiente deportivo y en las decisiones que se toman dentro de los equipos.
Cabe destacar que en torneos estatales y competencias de alto nivel dentro de las categorías menores, la presión por ganar suele intensificarse. Las organizaciones buscan conquistar campeonatos y, en muchos casos, resulta difícil para un dirigente justificar dejar fuera de la alineación a un jugador considerado de élite para darle oportunidad a otro atleta con menos protagonismo o rendimiento. Del mismo modo, algunos padres reaccionan con molestia cuando sus hijos son enviados al banco o reciben menos tiempo de juego.
Por ello, el problema va mucho más allá de una sola organización, un dirigente o una familia. Se trata de una cultura competitiva que, en ocasiones, coloca la victoria por encima del desarrollo deportivo y personal de los jóvenes atletas.
La controversia no es nueva. Incluso en niveles superiores, equipos que consiguen clasificaciones o pases a competencias importantes no siempre son los mismos que terminan representando a Puerto Rico. No obstante, en edades formativas la falta de oportunidades puede marcar la diferencia entre un atleta que continúa creciendo y otro que abandona el deporte frustrado.
