Entre la tradición y la crisis, el café boricua conserva su valor cultural
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Por Agustín Muñoz / El Sol de Puerto Rico
(18 de junio de 2026) – Además de su importancia económica, el café y su aroma está integrado profundamente en la cultura puertorriqueña. Las fincas cafetaleras, las tradiciones de la cosecha y el ritual cotidiano de tomar café forman parte del patrimonio boricua.
En muchos pueblos de la Cordillera Central, el café representa historia familiar, trabajo agrícola y sentido de pertenencia.
Esa raíz se remonta a siglos en que la cultura cafetalera ayudó a consolidar prácticas, memorias y formas de coexistencia que todavía permanecen vivas en la Isla. Entre esas costumbres destaca “el café de las 3:00” de la tarde, un hábito que trasciende la bebida y funciona como ritual social. Sin lugar a duda, en la vida del puertorriqueño tomar café sigue siendo una manera de reunirse, conversar y afirmar la identidad borincana.
Sin embargo, entre 92 por ciento y 94 por ciento del café que se consume es traído de afuera, debido a que la producción local no cubre la demanda interna. Los números del gobierno muestran que en la isla se consumen anualmente unos 270 mil quintales de café de los cuales 60 mil son producidos localmente. La diferencia se importa a través del gobierno.
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El café local puede distinguirse por su frescura, perfil de sabor y la posibilidad de identificar el origen y las diferentes etapas de su proceso de producción y distribución. En cambio, el café importado suele responder más a criterios de volumen, disponibilidad y precio.
Sin embargo, la calidad final no depende únicamente de qué país viene. Factores como el manejo del grano, el proceso de tueste y el tiempo de almacenamiento son determinantes para definir el
sabor y la experiencia del consumidor.
Ante el arraigo y costumbre por el estimulante brebaje, en el cuatrienio de 2013 al 2016 un legislador de Lares intentó, mediante legislación, crear lo que sería “la Ruta turística del café y haciendas cafetaleras de Puerto Rico”, bajo la custodia de la Compañía de Turismo. Se sugería que la Ruta Cafetalera estaría compuesta por la zona geográfica que comprende los municipios con producción de café, entre los que se incluyen los municipios de Orocovis, Jayuya, Villalba, Coamo, Adjuntas, Ponce, Utuado, Lares, Las Marías, Ciales, Añasco, Maricao, San Germán, Mayagüez, Sabana Grande, Yauco, Guayanilla, Peñuelas, Arecibo, Juana Díaz, San Sebastián y Moca. La idea, sin embargo, no encontró futuro ya que el entonces presidente de la Comisión de Turismo del Senado, Antonio Faz Alzamora, le redactó un informe negativo.
“Yo le pedí al pleno del Senado que lo enviara a mi Comisión de Agricultura y se relevara de todo el trámite y él (Faz Alzamora) lo mató con un informe negativo para que no se afectara su ley de Porta del Sol que ahora es solo un nombre”, expresó el exsenador Ramón Ruiz Nieves, el autor de la medida.
El exlegislador dijo que en 2021 volvió a presentar la misma legislación la que sí se aprobó en el Senado. En la Cámara no encontró respaldo ya que en ese cuerpo legislativo el representante José Rivera Madera radicó uno similar, pero no llegó a votación, recordó Ramoncito Ruiz Nieves
