Select Page

Calles dominadas por la jauría ¿culpa huérfana?

Calles dominadas por la jauría ¿culpa huérfana?
𝐸𝑙 𝑝𝑟𝑜𝑏𝑙𝑒𝑚𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑝𝑒𝑟𝑟𝑜𝑠 𝑐𝑎𝑙𝑙𝑒𝑗𝑒𝑟𝑜𝑠 𝑒𝑥𝑖𝑔𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑐𝑖𝑒𝑛𝑐𝑖𝑎, 𝑎𝑐𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑦 𝑐𝑜𝑚𝑝𝑟𝑜𝑚𝑖𝑠𝑜 𝑐𝑜𝑙𝑒𝑐𝑡𝑖𝑣𝑜
Por Yasinia Rodríguez Sepúlveda / El Sol de PR
(16 de abril de 2026) – El ajetreo mañanero de cada hogar debería ser solo la rutina común, pero en muchos hogares eso se complica cuando las calles, dominadas por la jauría, obligan a comenzar el día resolviendo un problema que parece no tener dueño.
La escena es repetitiva y le hierve la sangre al mas pasivo; zafacones volteados, basura corriendo al ritmo del viento dejando como públicas las intimidades del hogar y ciudadanos con escoba en mano recogiendo el desastre que dejaron durante la noche los perros callejeros en busca de alimento. No se trata de un caso aislado ni de un sector específico; es una realidad que se ha extendido a nivel nacional. Es el reflejo de una responsabilidad que, con el tiempo, se ha vuelto huérfana.
Es una crisis social extendida que no distingue entre sectores ni niveles económicos. Está presente en urbanizaciones, barriadas y zonas rurales. Y aunque existe conciencia sobre la importancia de la protección animal, la realidad es que la situación ha sobrepasado la capacidad de respuesta tanto ciudadana como institucional.
Ante la falta de soluciones efectivas, las personas han recurrido a la improvisación: amarrar zafacones, colocar tapas, construir estructuras o utilizar productos para ahuyentar a los perros. Sin embargo, estas medidas solo intentan contener una problemática que sigue creciendo. Porque cuando una jauría domina la calle, no es solo por hambre, es también por ausencia de control.
La preocupación va más allá del desorden. Perros actuando en grupo, guiados por el instinto, representan un riesgo real. Hay comunidades donde caminar con tranquilidad ya no es seguro. Actividades cotidianas como ir al colmado o bajar compras del vehículo se convierten en momentos de tensión. En algunos sectores, la calle ha dejado de ser un espacio compartido para convertirse en territorio de la jauría.
Pero, ¿es esta una culpa huérfana? La respuesta parece evidente. El problema no nace en la calle, se origina en la conducta humana. El abandono, la falta de esterilización y la irresponsabilidad al tener mascotas perpetúan un ciclo que no se detiene. Cada camada que nace en el abandono es una señal de que nadie está asumiendo el control.
Se exige acción gubernamental, y ciertamente es necesaria. Pero también es justo reconocer que atender esta situación implica recursos significativos: rescate, cuidado, esterilización y albergue. No se trata solo de recoger animales, sino de garantizarles una vida digna.
Mientras tanto, la frustración crece. Algunos reaccionan con empatía, otros con desesperación. Y en medio de ambos extremos, la problemática continúa expandiéndose.
Hoy más que nunca, urge asumir que esta no es una culpa huérfana. Es una responsabilidad compartida. Porque las calles dominadas por la jauría no son solo consecuencia del abandono animal, sino del abandono social.

About The Author

Leave a reply

Archives