Olga Lydia Cardona Orta se cosió su primer traje a los 6 años
Por Luis Ernesto Berríos / Para El Sol de Puerto Rico
(26 de marzo de 2026) – “Lo que se hereda no se hurta”, reza un refrán popular que se hace fidedigno en la figura de Olga Lydia Cardona Orta, quien aprendió a coser viendo trabajar a su padre, sastre, y a su madre, modista.
El arte corre por sus venas porque, además, es tía del famoso pintor puertorriqueño Antonio Martorell Cardona.
Su pasión por la costura surgió siendo una infante. Contrario a las niñas de su edad, que jugaban con muñecas, a sus seis años se aventuró a coserse su primer vestido.
“Siempre me interesé en todo lo que hacía mi madre. Recuerdo que me hice mi primer vestido de mariposa para una actividad de la escuela elemental Manuel Boada, en Barrio Obrero, donde me crié. Las alas del traje me las pintó Cecilia Orta, conocida como la pintora de Carolina. Mis padres, Aurelio Cardona y mi madre Emilia Orta, estaban incrédulos, no salían de su asombro”, manifestó Olga Lydia Cardona Orta.
Añadió que: “Aprendí mucho de mi madre, que le cosía a las mujeres de la alta sociedad. Cuando era niña tuvo que decidir entre ballet, piano o labores (costura); se fue por las labores y aprendió a coser. Su madrastra la enseñó, y ella a mí. Yo sé tejer, bordar, calar, zurcir y coser”.
Cardona Orta perfeccionó lo que aprendió de sus padres estudiando sastrería en una institución de Barcelona, España.
Se considera única en su clase por la creatividad de sus diseños. “Le saco provecho a todo; mi cabeza está en creatividad constante. Trabajo alta costura, sastrería, prendas con productos de otra índole: con botones, corbatas de hombre, servilletas, pañuelos, adorna zapatos, cristales de playa y todo lo que se pueda utilizar”. “No conozco a nadie que haga lo que yo hago, ni que haya vivido lo que he vivido. Puedo arreglar tejidos a crochet, doble agua, encajes, cualquier cosa. Tengo una clientela selecta a la que le gusta mi costura porque no repito trajes; son modelos exclusivos”, abundó.
Fue la costurera personal de su familia.
“Nunca saqué presupuesto para comprar ropa porque yo le cosía a mi esposo su ropa, los pantaloncillos, y le bordaba los pañuelos con su nombre, al igual que a mis dos hijos. También me coso toda mi ropa, hasta la de dormir”, aseguró.
A la veterana modista le gustaría donar su línea de ropa a una institución benéfica. “No me gusta el comercio; donaría lo que tengo si es útil para la sociedad, igual que hice hace veinte años cuando doné mi médula ósea. En vida le di vida a otra persona. También doné mi cuerpo a la escuela de medicina para que, cuando muera, dispongan del mismo”.
Uno de sus trabajos más celebrados por sus clientes y amigos son las creaciones que hace de las figuras de la exalcaldesa de San Juan, Felisa Rincón de Gautier; de la pintora mexicana Frida Kahlo; Mamá Inés; y de Cayetana Fitz-James Stuart, la duquesa de Alba. La diseñadora no solo confecciona su ropa y atuendos, sino que los personifica en distintas actividades.
“Después que mi segundo esposo murió, José Antonio Arabía, comencé a salir con amigas a un club de solteras mayores, donde celebramos las fiestas de Halloween. Para las mismas preparo disfraces de figuras reconocidas y queridas; son la atracción de todos. Me han querido premiar, pero al escuchar personas decir que me lo ganaría todos los años, no lo acepté. Me satisface más ver a las personas disfrutar lo que hago”.
Es fan de su sobrino Antonio Martorell Cardona.
“Aunque es mayor que yo, increíble, soy su tía. Lo admiro mucho. Es digno de admiración porque tiene una creatividad única, muy parecida a lo que a mí me gusta. Ahora está utilizando alfombras viejas y pinta sobre ellas. Hace unos trabajos preciosos; eso tiene que ver con lo que hago”.
“Hace poco presentó su exposición ‘Gaza, Gasa, Gause’ en el Instituto de Cultura Puertorriqueña. Utilizó la gasa como material y metáfora para reflexionar sobre la herida humana, la guerra y la posibilidad de sanar a través del arte”, sostuvo la también prima de la vocalista Choco Orta.
A sus 81 años, Cardona Orta disfruta de buena salud; se mantiene ágil trabajando sus costuras, disfrutando de tertulias y de la compañía de buenos amigos.
“Hago pilates tres veces por semana, pesas y yoga aéreo en la casa. Estoy en movimiento todo el tiempo y como saludable. Me encanta salir, bailar y viajar; en cada rincón de mi casa conservo algún detalle de los viajes que he hecho por el mundo”.
La elegante dama asegura sentirse una mujer realizada: “Porque hice lo que quise. Mi felicidad se acrecienta al lograr que mi hijo, el artesano Carlos Fernando Bonilla Cardona, dejara el vicio de fumar. El día que me dijo que dejó el cigarrillo no lo podía creer. Me dije a mí misma: ‘ahora puedo morir en paz porque la última pieza de mi rompecabezas está formada'”.
Otro motivo que la mantiene feliz y ansiosa es la publicación de un ejemplar que recoja su trabajo.
“Me hace muy feliz la idea de no irme de este mundo sin compartir mi trabajo y vivencias, dejar para las futuras generaciones un legado. Agradezco a mi amigo, el licenciado Rafael Joaquín Torres Torres, por su iniciativa de escribir un libro sobre mi obra creativa para perpetuar mi trabajo”, concluyó.
