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Una maleta llena de herramientas contra la violencia de género

Una maleta llena de herramientas contra la violencia de género

Por Wilsy Ferrer / Periódico el Sol de PR

Cuando hablamos de feminicidios y violencia de género, sabemos que cada etapa de la vida cuenta: antes, durante y después. Ese “antes” es la niñez y la adolescencia, la preparación de los hijos hacia su vida adulta. Desde el hogar se siembran las semillas que pueden formar hombres responsables y mujeres con suficiente amor propio para no permitir ni provocar la violencia.

En esta ocasión conversamos con Yasinia Rodríguez, madre de dos hijos en edades pre y adolescente, quien ha decidido llenar la crianza de sus hijos con una maleta simbólica de herramientas. Así como se enseña a no mojarse y usar la sombrilla o mirar a ambos lados antes de cruzar la calle, Yasinia entiende que también se debe hablar claro sobre la violencia de género.

“Este tema no es un secreto para nuestros jóvenes”, asegura. Por eso, además del diálogo abierto, resalta la importancia de sembrar valores como:

  • La identidad: formar seres humanos que reconozcan quiénes son, que no sean vulnerables a la manipulación ni dependan de otros para tomar decisiones.
  • La empatía: enseñar a ser conscientes de lo que ocurre alrededor y a colocarse en el lugar de los demás.
  • La autoestima: cultivar hombres y mujeres que sepan que son suficientes por sí mismos, que su felicidad no depende de otra persona.

Yasinia enfatiza que este último valor es crucial para sentar las bases en lo que considera su mejor proyecto de visa. “Muchos casos de violencia surgen del miedo a perder y de la baja autoestima, así como de la dependencia emocional hacia otra persona. Yo quiero que mis hijos crezcan sabiendo que son más que suficientes por sí mismos y que las personas que los rodean deben ser un complemento, no una necesidad.”

Durante una de sus conversaciones familiares sobre un feminicidio, uno de sus niños le comentó: “Ahora él (asesino) no está, ella (víctima) no está y queda una familia sufriendo”. Ese comentario confirma que los jóvenes no son ajenos al problema, y que callar solo alimenta el ciclo del silencio.

La madre reconoce que la crianza no puede cargar con toda la responsabilidad: al final, los adultos deciden qué herramientas usar. Sin embargo, advierte el peligro de caminar con una maleta vacía: “Si un joven no tiene valores ni ejemplos, cuando busque en su maleta, no encontrará nada”, señaló.

Los hijos de las víctimas de violencia doméstica son también víctimas silentes. Si en sus hogares aprenden a normalizar la violencia, pueden repetir los mismos patrones, ya sea como victimarios o como víctimas. Por eso, Yasinia insiste en que los valores deben ser enseñados con palabras, pero también reforzados con el ejemplo.

En Lo Gritamos Viva, resaltamos la voz de madres como Yasinia, que entienden que prevenir la violencia comienza desde el hogar, con una maleta llena de valores que sirva de defensa para los hombres y mujeres del mañana.

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