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Un hogar con 88 años de amor: Asociación Benéfica de Ponce, esperanza viva para la vejez

Un hogar con 88 años de amor: Asociación Benéfica de Ponce, esperanza viva para la vejez

Por Wilsy Ferrer / El Sol de Puerto Rico

En medio de preocupaciones crecientes por el trato a nuestros envejecientes, una institución en el corazón de Ponce continúa demostrando que la vejez puede ser una etapa llena de dignidad, amor y calidad de vida.

Ponce, PR (31 de julio de 2025) – En una época donde muchas familias se enfrentan a la difícil decisión de delegar el cuidado de sus adultos mayores, y en la que los titulares sobre negligencia en hogares de envejecientes estremecen al país, la Asociación Benéfica de Ponce se alza como un verdadero refugio de esperanza. Con 88 años de servicio ininterrumpido, esta institución, ubicada en el casco urbano de Ponce, continúa siendo sinónimo de confianza, calor humano y compromiso con la calidad de vida en la vejez.

Este hogar, fundado en un edificio cargado de historia, ubicado en un terreno donado por la familia Serrallés, nació con la misión de acoger a los más necesitados. En sus inicios, sirvió como lugar de ayuda para personas sin hogar que llegaban buscando los beneficios que llegaban a través del puerto de Ponce. Hoy, esa misma misión de servicio sigue viva, pero adaptada a las necesidades de nuestros adultos mayores.

Bajo la dirección del Dr. Luis Ruiz Quirindongo, el centro actualmente alberga a cerca de 40 residentes, provenientes de diversas partes de la isla. Aquí no existen barreras económicas para recibir atención: la institución atiende a participantes bajo el Departamento de la Familia, otros que costean sus servicios directamente y, de manera compasiva, también acoge a aquellos que han sido abandonados por sus familias.

“Aquí no solo se cuida, aquí se vive con dignidad”, expresó Félix Miguel Cruz-Jusino, residente del hogar. Natural de San Germán y procedente del área metropolitana, Félix llegó recomendado por alguien que le aseguró: “encontré el lugar para ti”. Hoy asegura con emoción: “Aquí me siento en casa, querido y en familia”.

La Asociación se distingue no solo por sus instalaciones y servicios profesionales – que incluyen cocina a cargo de un chef, personal de enfermería, trabajo social y actividades recreativas, culturales y espirituales- sino también por el amor que se respira en cada rincón. Voluntarios como el señor Guillermo Casasnovas, Roberto Figueroa y otras figuras solidarias de la comunidad han sido parte esencial en sostener esta obra humanitaria a lo largo de casi nueve décadas.

“Aquí no nos aíslan. Aquí seguimos siendo parte de la sociedad. Nos mantienen informados, activos, escuchados. Además de residentes, somos participantes”, añadió Cruz-Jusino.

Con una capacidad autorizada para 75 personas, la institución proyecta continuar creciendo y fortaleciendo su misión. El llamado que hace su presidente es claro: la vejez también necesita aliados. Ya sea mediante voluntariado, donativos o colaboración ciudadana, todos podemos aportar al bienestar de nuestros adultos mayores.

“Queremos que la gente venga, conozca, vea de cerca lo que hacemos aquí. Este es un lugar donde la esperanza no se jubila, se comparte”, expresó Ruiz Quirindongo.

En momentos donde la vejez puede parecer un tema relegado, la Asociación Benéfica de Ponce es prueba de que aún existen espacios donde se honra a quienes lo dieron todo. Un hogar que no solo cuida, sino que acompaña, escucha y celebra la vida, a cualquier edad.

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