Endometriosis: cuando el dolor no es normal
Durante años, el dolor menstrual severo ha sido minimizado, normalizado o silenciado. Muchas mujeres han aprendido a convivir con molestias incapacitantes bajo la creencia de que “es parte de ser mujer”. Sin embargo, la medicina es clara: el dolor que interrumpe la vida cotidiana no es normal. En muchos casos, ese dolor tiene nombre y apellido: endometriosis.
“La endometriosis ocurre cuando tejido similar al del interior del útero comienza a crecer fuera de él, alrededor de los órganos de la pelvis”, explica la Dra. Yadira Méndez, ginecóloga obstetra del Centro Médico Episcopal San Lucas. Este crecimiento anómalo puede afectar ovarios, trompas de Falopio, intestinos y vejiga, provocando un dolor que la especialista describe como “fuerte e incapacitante”.
El principal signo de alerta es claro. “Cuando el dolor no se alivia con analgésicos, obliga a la paciente a detener sus actividades, provoca náuseas, vómitos o la obliga a colocarse en posición fetal, debemos sospechar endometriosis”, afirma la doctora. Aunque inicialmente el dolor suele coincidir con la menstruación, en casos más severos puede volverse constante y afectar de forma profunda la calidad de vida.
A pesar de su impacto, la endometriosis continúa siendo subdiagnosticada. Según la Dra. Méndez, se estima que puede afectar entre un 10 y un 30% de las mujeres, pero las cifras exactas son difíciles de precisar porque “el diagnóstico definitivo solo se realiza mediante cirugía”. Por esta razón, la evaluación clínica y la escucha atenta del relato de la paciente resultan fundamentales.
El estigma social ha sido uno de los mayores obstáculos. “Hemos normalizado el dolor y callado a las pacientes”, sentenció. Esa cultura del silencio provoca que muchas mujeres pasen años —incluso décadas— viviendo con dolor sin recibir tratamiento. “No podemos ignorarlo. El cuerpo habla y hay que escucharlo”, insiste.
El manejo de la endometriosis depende de cada paciente. Puede incluir medicamentos antiinflamatorios, terapias hormonales o intervención quirúrgica, dependiendo de la severidad, el deseo reproductivo y el impacto del dolor. “El enfoque siempre debe ser devolver calidad de vida”, señala la especialista.
La endometriosis también puede estar relacionada con infertilidad en algunos casos, pero no la determina. “Muchas pacientes pueden lograr embarazos saludables”, aclara la ginecóloga.
Reconocer que el dolor incapacitante no es normal es el primer paso. Escuchar a las pacientes, atenderlas a tiempo y eliminar el estigma puede cambiar vidas. Porque vivir con dolor no debería ser una expectativa, sino una señal de alerta que merece atención médica.
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