La crisis de vocaciones en la Iglesia Católica
Por Agustín Muñoz
El Sol de Puerto Rico
Desde hace mucho tiempo se comenta en Puerto Rico, e incluso Estados Unidos, sobre la caída en el interés de los jóvenes católicos por la vida consagrada, ya sea el sacerdocio o la vida religiosa entre las mujeres. La
crisis de vocaciones es real y eso se confirma en la disminución del número de seminaristas y religiosas. Las diócesis enfrentan dificultades para encontrar sacerdotes para las parroquias y cómo distribuirlos para el servicio a las comunidades. A eso se agrega también el abandono de la vida consagrada por parte de religiosos y religiosas.
Y, aunque la jerarquía de la Iglesia Católica en la isla ha manifestado su inquietud ante esa realidad, aparentemente existe un escenario que priva a que muchos jóvenes con vocación culminen el proceso para consagrar su vida al servicio de la fe. La religiosa dominica (Orden de Predicadores), Sor Gemma Morató, puso “el dedo en la llaga” al señalar que “son pocas las personas que se atreven a poner sobre la mesa cuestiones que provocan incomodidad o generan resistencias” y menciona que “entre sus múltiples desafíos, uno de los más dolorosos, y menos tratados con hondura, es el del tiempo de los votos temporales”. Los votos temporales se definen como compromisos religiosos que se emiten durante un tiempo determinado y que se renuevan, por lo general, por un período de tres a seis años, aunque en algunos casos pueden extenderse hasta nueve años, según la orden religiosa.
La puertorriqueña Alexandra Muñoz explicó a este medio que “este tiempo es fundamental para el discernimiento comenzado en los primeros años del ingreso del candidato, en la vida de un consagrado en formación, pues implica la progresiva incorporación del “casi religioso” a la vida total de la consagración y comunidad religiosa o de instituto secular. “En el tiempo de los votos temporales es imprescindible el acompañamiento de la comunidad”, enfatizó Muñoz. Para la religiosa del Instituto Secular Femenino “Corazón de Jesús” de la Familia Cor Unum es importante el acompañamiento personal y espiritual, pero también el acompañamiento comunitario, porque el consagrado acaba de salir de la atmósfera del Noviciado o etapa de separación del mundo donde el candidato profundiza en el carisma, estudio de la misión y el discernimiento vocacional de cara a una primera consagración. “Esto conlleva grandes cambios en la vida del consagrado: cambios que pueden beneficiarlo en su vida consagrada o retos que pueden ayudarle o desenfocarlo de la opción fundamental y seguimiento a Cristo por el Reino de los Cielos”, destacó. Sor Gemma dice, por su parte, que muchas personas consagradas se debaten entre la fidelidad al camino iniciado y el peso de sus incertidumbres, silencios y miedos. “Además de enfrentarse, en algunos contextos, a una formación marcada por el infantilismo, un buen número de consagrados profesionales y, en ocasiones, con una madurez ya consolidada, se ven sometidos a una etapa que los reduce a una situación de dependencia, desconfianza o invisibilidad, lo cual no únicamente bloquea su crecimiento personal, sino que también impide a la propia congregación evolucionar y responder de manera acertada, eficiente y que sea de Dios, a los desafíos actuales de la vida fraterna comunitaria y la misión”.
Con firmeza, la religiosa dominica sostiene que los votos temporales deberían ser un tiempo de discernimiento sereno, de experiencia comunitaria auténtica y de creciente identificación con el carisma. “Pero para muchos jóvenes, o no tan jóvenes, consagrados se convierte en un valle de inseguridad, decepción o frustración, no se sienten libres para hablar, temen ser juzgados por sus dudas o inquietudes, y experimentan una soledad espiritual que raras veces se nombra”, afirma con valentía.
